Avatar de James Cameron - Ricard de la Casa - Publicado: ene 17, 2010 en Puesto en .

A V A T A R
de James Cameron

 

Avatar de James CameronHay películas que marcan hitos en la historia del cine fantástico. 2001 fue una. Star Wars, otra. Mucho nos tememos que Avatar no sea una de ellas. O quizás si, en cierto sentido, ya veremos.

Hace años que veníamos oyendo que el director de la multipremiada Titanic, Aliens y las dos primeras –y mejores- películas de la serie Terminator estaba trabajando en una gran producción que iba a marcar un antes y un después en el cine de ciencia ficción. Cameron dispone de suficiente crédito como para que los aficionados estuviéramos atentos a su propuesta, como lo estuvimos con J.J. Abrahams y su ciertamente conseguida resurrección de Star Trek (algo que no era nada fácil, no nos engañemos).

Avatar es un derroche de tecnología y medios. Hasta ahora, las buenas películas de ciencia ficción se basaban en guiones originales, bien trabajados, para conseguir llegar a niveles de excelencia bien elevados, y los efectos eran un complemento perfecto. Con Avatar eso no parece haber sido necesario. Los efectos especiales son especialmente satisfactorios y la ambientación del planeta Pandora es tan verosímil que uno tiene que mirar de tanto en tanto a su alrededor para comprobar que sigues en la butaca del cine. Cameron, avanzándose a los cambios que Internet está provocando en la industria cinematográfica, apuesta por el camino 3D para atraer a los espectadores a las salas de exhibición. Y el resultado, hay que reconocerlo, es brillante. No importa que tenga un argumento excesivamente plano, de escaso interés, que haya canibalizado diferentes novelas clásicas del género (Los dragones de Pern, El nombre del mundo es Bosque… son tantas que en Internet hay foros dedicados a buscar referencias en la película), o incluso que nos explique por enésima vez una historia de soldados e indios al estilo de Pequeño, gran hombre o Bailando con lobos. Es tanta la visualidad de la película que, tras algunos minutos intentando encontrar un argumento interesante, te dejas seducir por la orgía visual y te olvidas del resto.

 

Avatar de James Cameron

 

Pero, desde el punto de vista de amantes del género, mucho nos tememos que Avatar no vaya a romper ningún molde. ¿Tanto hubiera costado aunar estos impresionantes efectos especiales con un buen argumento? ¿Tan secos están los guionistas de Hollywood? Echemos un vistazo a la historia:

James CameronEn el año 2154 hay una explotación minera en el planeta Pandora, único lugar del Universo donde se ha descubierto el unobtanium, un mineral con una superconductividad tal que su precio en el mercado supera por kilogramo los 20 millones de dólares (¿en serio alguien se cree que el dólar norteamericano aún va a seguir siendo la moneda de referencia mundial en el 2154?).

Eso es más que suficiente motivo para que unos malvados terrestres desembarquen en Pandora para su explotación, sin reparar demasiado en los medios. En Pandora, un planeta en el que los seres humanos no pueden sobrevivir sin máscaras, viven los Na’vi, nativos inteligentes con aspecto de elfos gigantes de color azul integrados perfectamente en la ecología del planeta (un planeta, por cierto, con abundancia de peligros, como podrán comprobar nuestros protagonistas más adelante). Jake Sully (interpretado por un justito Sam Worthington) es un marine paralítico al que le ofrecen sustituir a su hermanos, fallecido, para incorporarse dentro de su avatar. Los avatares son cuerpos artificiales con apariencia alienígena a los que los humanos se transfieren para poder contactar con los na’vi tras los fracasos de los métodos, digamos, tradicionales. Son prototipos muy caros y personalizados según el ADN de su conductor, y es por eso que le ofrecen a Sully, sin haber sido adiestrado para ello, integrarse en la misión. La directora científica del proyecto, la Doctora Grace Augustine (una brillante Sigourney Weaver) intenta, a través del proyecto Avatar, establecer un contacto con los nativos y así conseguir que les permitan extraer el mineral con el menor perjuicio para todos (y con los mínimos costes, claro, tanto medioambientales como económicos). Por supuesto, está también el típico funcionario burócrata materialista que sólo desea obtener beneficios cuanto antes para marcarse puntos ante sus jefes y un militar que únicamente concibe una manera de tratar con los nativos: machacarlos. Sully en su avatar conoce a Neytiry (una bella Zoe Saldana) y entabla una tópica historia de amor, a través de la cual llega a profundizar en la civilización na’vi, sus costumbres, su forma de vida, perfectamente integrada en su entorno y en equilibrio con la naturaleza. Así ve el punto de vista nativo y como estos ven a los invasores alienígenas (oséase, a los humanos). Como puede comprobarse, un argumento que es un dechado de originalidad.

Avatar de James Cameron


Avatar de James CameronLa película no carece de batallas, que tanto agradan al público general, con grandes efectos especiales, ni de aventura, aunque sea a costa de refritos, religiones baratas y mensajes ecologistas descafeinados, pero, insistimos una vez más, si se prescinde de todo ello y se centra el foco en el entorno, en esos increíbles planos con los banshees y los leonópteros volando entre montañas flotantes de las que caen impresionantes cascadas (gran homenaje a ese genial ilustrador que es Roger Dean, aunque parecen habérselo olvidado en los créditos. Otro más.), en ese planeta alienígena increíble, la experiencia bien merece el precio de la entrada. Ahora bien, de ahí a decir que se ha marcado un antes y un después en la historia del cine de ciencia ficción… nos tememos que media un abismo.

Resulta curiosa la última polémica del film: que el personaje que encarna Sigourney Weaver fume. Ha tenido que salir al paso el propio director diciendo que no es ningún modelo de conducta para los jóvenes, más bien el contrario. Justifica el mal humor de la doctora por el vicio que tiene. Sin palabras.

Una última recomendación: escoja un cine en 3D para verla. La película, por supuesto se puede visionar perfectamente en el sistema clásico, pero las tres dimensiones ofrecen al espectador unas sensaciones mucho más vívidas y placenteras. No olvide que esto es un gran espectáculo. Ni más ni menos.

© 2010 Joan Manel Ortiz y Ricard de la Casa

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Porta Coeli (I) La Orden de Santa Ceclina. - Ricard de la Casa - Publicado: nov 21, 2009 en Puesto en .

Leer Porta Coeli – La orden de Santa Ceclina, presentaba varios retos, el primero porque ya se nos avisa de que es una serie de cuatro libros, y eso me previene sobre el abuso de las ideas, llenando más y más páginas con un único fin de alargar la historia; por su etiqueta de “juvenil” y finalmente, pero no menos importante porque en general la fantasía me aburre. Puntualicemos, me aburren las ideas mediocres de autores que no se esfuerzan y que acuden a ella como panacea de su escasa creatividad.

Portada de Porta Coeli de Susana VallejoPasó ya el tiempo en que cualquier dragón, elfo, mago y sortilegio sonaba fresco y permitía sin demasiado agobio, ser el armazón de una buena novela y desde luego emos superado ya la idea de que la fantasía es una literatura infantil o juvenil en exclusiva. Hoy el lector demanda una fantasía mucho más elaborada y al autor le es necesario acudir a nuevas estructuras que soporten el peso de un buen argumento. Por desgracia no parece que eso abunde y la basura sigue inundando las librerías, no parece que esa tendencia vaya a la baja.

Tres son los personajes centrales de la novela, aunque en realidad la atención bascula entre Bernardo y Yebra. Ambos se complementan para formar un tándem en su viaje iniciático, en la mejor escuela de novela de exploración interior de su propia humanidad a la vez que exploración exterior del mundo que les rodea. Ambos son como las dos partes de una misma moneda, sólo que en este caso su viaje dará lugar a dos monedas de parecida consistencia y calidad. Ambos inician un viaje que les completará de tal forma que ese viaje será a la vez un engarce entre ellos como un engarce con el mundo que les rodea.

Esta novela de aventuras bebe de algunas fuentes, aunque por habilidad de Susana Vallejo, no molesta en ningún momento. Así tanto el protagonista, un monje y antiguo guerrero llamado Bernardo y el monasterio nos recuerdan en algunos pasajes a Humberto Eco y su ya clásica novela de El nombre de la Rosa que el director de cine Jean –Jacques Annaud supo plasmar bellisimamente en algunas escenas en la película del mismo nombre. La inspiración se complementa con las viejas tradiciones de los cátaros. Mientras la leía, Montsegur, una vieja y destruida fortaleza cátara venía de forma invariable a mi mente (vivo muy cerca de ella). A favor de Vallejo hay que decir que consigue rápidamente sumergirnos en una espiral de acción que nos hace olvidar esas fuentes, consiguiendo que la novela tenga consistencia propia sin necesidad de acudir a terceros.

En los pocos aspectos negativos de la novela cabría decir que su comienzo es lento y cuesta engancharse a la historia. Aunque una vez superadas las primeras páginas, el problema se solventa perfectamente. El otro aspecto es que, en algunos momentos, pocos por suerte, la novela se convierte en demasiado previsible, incluido la historia entre ambos, por suerte Susana Vallejo, huye de caminos trillados y aburridos sin empalargarnos con edulcorantes varios. Creo que la relación entre ambos, Bernardo y Yebra es uno de los grandes aciertos de Vallejo, ya que lo maneja con mucha soltura y a la vez con la tensión suficiente, constituyendo un segundo eje central de la novela.

En cuanto a la fantasía en sí, la autora resuelve de forma magnífica, sin desvelar nada pero sin dejarnos frustrados, mostrando lo necesario. Todos sabemos que es el primero de cuatro lilbros y por tanto queda mucho por saber. Los mundos que inventa funcionan perfectamente en su propia realidad interna y la novela se pone a la altura de la fantasía escrita en los últimos lustros, no sólo hispana sino internacional. Me molesta un poco la etiqueta de juvenil, que aunque entiendo que es por motivos de mercadotécnia, quizá aleje a algunos lectores. No obstante, si puedo decir que me ha sorprendido gratamente observar como la publicidad boca/oreja funciona, en realidad es la mejor y más impagable publicidad que se le puede hacer a una novela. Ver el libro en manos de gente desconocida en lugares como un hospital me llamó la atención agradablemente.

Hablando con la autora sobre la traducción al catalán, surgió la palabra academicista, ciertamente lo es, pero las buenas traducciones son aquellas que se hacen invisibles, cuando la lectura fluye de manera natural y la realidad fue que supero mis expectativas. Leerla en catalán no desmerece en absoluto al original en castellano del que he podido leer algún capitulo para poder comparar. Sorprende en algunos momentos por el lenguaje utilizado. Poder disfrutar de ambas lecturas me ha hecho entender los problemas que Elisenda Vergés, su traductora, ha tenido para plasmar el ritmo que Vallejo imprime a sus páginas a través de las palabras. Sinceramente creo que ha estado a la altura del envite.

En resumen, una buena novela de fantasía española que merece ser leída y disfrutada.

© 2009 Ricard de la Casa Comentarios

El último hombre mortal de S.Mitchell - Ricard de la Casa - Publicado: nov 18, 2009 en Puesto en .

Portada de El último hombre mortal de Syne Mitchell La inmortalidad es un tema sugerente pero complicado, como muchos en el género. Nada más aburrido que un personaje que se pasea por los siglos, lo cual, en general, es sinónimo de poco que hacer. Por fortuna y muy a pesar de lo que el título pueda sugerir, el tema de la novela no es precisamente la inmortalidad. Nos encontramos aquí con una novela de aventuras, en su mejor formato “space opera” sino fuera porque toda la acción transcurre en nuestro planeta y lo más lejos que viajamos (por ascensor espacial eso sí) es a las estaciones que nos orbitan.

La nanobiología ha venido para solucionar todos los problemas del mundo, bueno todos no, pero al menos si aquellos que nos atenazan en estos momentos. Seguimos en un mundo capitalista donde el dinero es capaz de comprar la inmortalidad y si no tienes suficiente, si al menos algunas “mejoras” que harán tu vida mucho más agradable o la capacidad de encontrar un mejor trabajo.

Todavía resuena en mi cabeza aquel Incordie a Jack Barrow, de Norman Spinrad (Acervo) donde la premisa esencial estaba en la misma inmortalidad y la forma de conseguirla, donde el personaje se planteaba si era ético o no conseguirla al precio indicado (un precio no monetario). La autora no plantea la novela en esos términos, e inclusive deja de lado otras ideas que transpiran por sus páginas como son la “gestalt” a la que gaia.net (nuestra Internet) sumerge a todos aquellos humanos modificados por la nanobiología, capaces de sentir las emociones del resto de humanos que interactúan en la red.

Novela ambiciosa en su concepción, de lectura fácil y absorbente. Mitchell vuelca sin problemas ideas y más ideas como si fuera el final de un castillo de fuegos artificiales, configurando un mundo realista donde el poder y el miedo son los absolutos protagonistas. Syne Mitchell sabe crear una atmosfera intensa en base a la contraposición de elementos positivos y negativos. La dualidad de todo lo existente, el Ying y el Yang. Así crea la nanobiología positiva (hacedor de bienes) y su contrapuesta el desensamblador (destructora de ella). Crea un ser inmortal (Alexa), con apenas un leve recuerdo de su humanidad y su antagonista un humano incapaz de sobrevivir en ese mundo nanobiológico (alérgico a la nanobiología).

Un tour de force intenso, donde las escenas de acción priman en la narración, acariciando algunas ideas interesantes como el ecologismo tan de moda, o ideas tan atemporales y a la vez tan rabiosamente actuales como por desgracia el racismo, la intolerancia, la injusticia social, que quizá podría haber tocado con mayor profundidad.

Curiosas algunas analogías que la autora utiliza, como por ejemplo la de los lugares "muertos" para designar lugares libres de nanobiología, donde siguen viviendo algunas comunidades que el cine se ha encargado de poner de actualidad en las últimas décadas, amish, menonitas... de nuevo el Ying y el Yang aparece para contraponer la nanobiología y la ausencia de ella.

La resolución de la novela, aunque muy elaborada y siguiendo los mismos pasos del resto de la novela, contraposición de elementos del Ying y del Yang, viene un poco forzado dado el impresionante ritmo acelerado a la que la escritora somete al lector en las últimas 50 páginas. La dictatura del editor a veces juega malas pasadas.

La obra tiene un final abierto. Syne Mitchell se deja una puerta sin cerrar para poder seguir con los mismos personajes y el mismo universo. Desde luego y aunque yo no soy muy partidario de segundas partes, tantas buenas ideas bien merecerían una revisita en un futuro.

Por cierto, la lectura de esta novela me hizo recordar la afortunada frase de Arthur C. Clarke que dice "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Siendo El último hombre mortal pura ciencia ficción, el mundo nanobiológico en el que nos sumerge la autora me hizo pensar sobre cuan profundamente están unidos ambos conceptos. Polvo inteligente, edificios imposibles, personas que se reconstruyen... me hizo reflexionar sobre la sencillez de unir ambos términos y la nueva fantasía que parece abrirse paso lentamente en nuestras mentes.

© Ricard de la Casa Comentarios