El último hombre mortal de S.Mitchell - Ricard de la Casa - Publicado: nov 18, 2009 en Puesto en .

Portada de El último hombre mortal de Syne Mitchell La inmortalidad es un tema sugerente pero complicado, como muchos en el género. Nada más aburrido que un personaje que se pasea por los siglos, lo cual, en general, es sinónimo de poco que hacer. Por fortuna y muy a pesar de lo que el título pueda sugerir, el tema de la novela no es precisamente la inmortalidad. Nos encontramos aquí con una novela de aventuras, en su mejor formato “space opera” sino fuera porque toda la acción transcurre en nuestro planeta y lo más lejos que viajamos (por ascensor espacial eso sí) es a las estaciones que nos orbitan.

La nanobiología ha venido para solucionar todos los problemas del mundo, bueno todos no, pero al menos si aquellos que nos atenazan en estos momentos. Seguimos en un mundo capitalista donde el dinero es capaz de comprar la inmortalidad y si no tienes suficiente, si al menos algunas “mejoras” que harán tu vida mucho más agradable o la capacidad de encontrar un mejor trabajo.

Todavía resuena en mi cabeza aquel Incordie a Jack Barrow, de Norman Spinrad (Acervo) donde la premisa esencial estaba en la misma inmortalidad y la forma de conseguirla, donde el personaje se planteaba si era ético o no conseguirla al precio indicado (un precio no monetario). La autora no plantea la novela en esos términos, e inclusive deja de lado otras ideas que transpiran por sus páginas como son la “gestalt” a la que gaia.net (nuestra Internet) sumerge a todos aquellos humanos modificados por la nanobiología, capaces de sentir las emociones del resto de humanos que interactúan en la red.

Novela ambiciosa en su concepción, de lectura fácil y absorbente. Mitchell vuelca sin problemas ideas y más ideas como si fuera el final de un castillo de fuegos artificiales, configurando un mundo realista donde el poder y el miedo son los absolutos protagonistas. Syne Mitchell sabe crear una atmosfera intensa en base a la contraposición de elementos positivos y negativos. La dualidad de todo lo existente, el Ying y el Yang. Así crea la nanobiología positiva (hacedor de bienes) y su contrapuesta el desensamblador (destructora de ella). Crea un ser inmortal (Alexa), con apenas un leve recuerdo de su humanidad y su antagonista un humano incapaz de sobrevivir en ese mundo nanobiológico (alérgico a la nanobiología).

Un tour de force intenso, donde las escenas de acción priman en la narración, acariciando algunas ideas interesantes como el ecologismo tan de moda, o ideas tan atemporales y a la vez tan rabiosamente actuales como por desgracia el racismo, la intolerancia, la injusticia social, que quizá podría haber tocado con mayor profundidad.

Curiosas algunas analogías que la autora utiliza, como por ejemplo la de los lugares "muertos" para designar lugares libres de nanobiología, donde siguen viviendo algunas comunidades que el cine se ha encargado de poner de actualidad en las últimas décadas, amish, menonitas... de nuevo el Ying y el Yang aparece para contraponer la nanobiología y la ausencia de ella.

La resolución de la novela, aunque muy elaborada y siguiendo los mismos pasos del resto de la novela, contraposición de elementos del Ying y del Yang, viene un poco forzado dado el impresionante ritmo acelerado a la que la escritora somete al lector en las últimas 50 páginas. La dictatura del editor a veces juega malas pasadas.

La obra tiene un final abierto. Syne Mitchell se deja una puerta sin cerrar para poder seguir con los mismos personajes y el mismo universo. Desde luego y aunque yo no soy muy partidario de segundas partes, tantas buenas ideas bien merecerían una revisita en un futuro.

Por cierto, la lectura de esta novela me hizo recordar la afortunada frase de Arthur C. Clarke que dice "Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Siendo El último hombre mortal pura ciencia ficción, el mundo nanobiológico en el que nos sumerge la autora me hizo pensar sobre cuan profundamente están unidos ambos conceptos. Polvo inteligente, edificios imposibles, personas que se reconstruyen... me hizo reflexionar sobre la sencillez de unir ambos términos y la nueva fantasía que parece abrirse paso lentamente en nuestras mentes.

© Ricard de la Casa Comentarios

Volver a empezar de Ken Grimwood - Ricard de la Casa - Publicado: mar 03, 2009 en Puesto en .

Algunas ideas son especialmente agradecidas al ser trasladadas a una novela o guión. La inmortalidad, la prolongación de la vida del ser humano, los viajes en el tiempo, vivir la vida de otros o simplemente la repetición de la vida propia, tienen tal magnetismo que las hacen especialmente atractivas para una gran mayoría de lectores. La idea básica de Volver a empezar de Ken Grimwood es una de ellas.

Es evidente que una sola idea no basta para hacer que una novela gane un premio mundial de fantasía, pero todos hemos sentido la curiosidad de saber que hubiera ocurrido si hubiéramos tomado una decisión diferente a la que en realidad tomamos. En definitiva poder cambiar nuestro pasado para saber como hubiera sido nuestro futuro. Esa es la idea central de la novela y el personaje, Jeff Winston, se ve sometido a una revisión constante de su vida. Su problema es que no sabe porque ocurre y no consigue que esas repeticiones acaben. Su vida, un periodo de tiempo concreto de su vida para ser más exactos , se repite una y otra vez.

El tema de las repeticiones ya fue utilizado en el cine, concretamente en la película Groundhog Day (con el título en español de El día de la marmota y protagonizada por Bill Murray en 1993), que parte de una premisa similar, el personaje revive constantemente un día particular de su vida, pero mientras que en el film, subyace la idea de que el personaje debe mejorar su vida –es un pobre diablo amargado- en la novela –y es uno de sus grandes aciertos- nunca se llega a saber el porqué o los motivos por lo que eso ocurre. Así pues el autor se desliga completamente de intentar explicar la causa y el cómo ocurren esas repeticiones –a estas alturas no sabremos si para mejorar o empeorar su vida- , dejando que sea cada lector, el que saque sus propias conclusiones al respecto, con un final que, sin dar pistas, cierra correctamente la novela. Ken Grimwood prefiere concentrarse en los personajes, en su evolución a través de las experiencias que las sucesivas “repeticiones” le permiten acumular, sin intentar darnos lecciones de moralidad decimonónica.

La novela comienza justo cuando Winston muere de repente a los 43 años y revive en su propio cuerpo 25 años atrás con la mente y experiencia del adulto que era antes de fallecer, en un cuerpo de 18 años -¿alguien puede resistirse?-. Grimwood consigue hacer avanzar la trama con fluidez, si tenemos en cuenta que esta contando la misma historia, reduciendo los tiempos muertos o repetitivos a meras anécdotas y haciendo navegar a Winston una y otra vez por los mismos mares probando aquí o allá rutas alternativas para llegar a nuevos lugares. El principio y el final, de forma constante, tienden a unirse en un hilo sin fin. Bucles que se anidan dentro de otro bucle mayor en la que la novela se constituye, haciendo que el final de la misma sea también un regreso al principio, justo cuando Jeff Winston muere, cerrando todos los bucles de manera sincronizada. La evolución del personaje, su maduración a través de cómo esas repeticiones le afectan, es su principal reclamo -también en el mejor estilo de las novelas de viaje iniciático- y la razón por la que nos sea imposible dejar la lectura.

Curiosamente su atractivo es también su lastre, el personaje y el lector, primordialmente, saben que tras algunas repeticiones cualquier cosa que haga, que pruebe, que cambie acabarán en el cubo de la basura, desapareciendo en el limbo de lo que pudo haber sido y nunca fue. Eso lleva al personaje y la historia a momentos planos que el autor sortea con un estilo limpio y directo. En realidad el tema central de Volver a empezar es una historia de amor, amor que surge entre personas que “repiten” sus vidas, un amor en cierta forma eterno, inalcanzable para el resto de los mortales, ya que es un amor que perdura a través de sus repeticiones. Poco a poco la subtrama va haciéndose más importante para acabar imponiéndose definitivamente. La evolución de los personajes permite a Grimwood mostrar desde el lado más luminoso del alma humana hasta los recovecos más oscuros.

Un par de apuntes: 1/ Volver a empezar forma parte de esas novelas imposibles de etiquetar bajo un género definido. Siempre me sorprendió el hecho de que esta novela fuera catalogada como fantasía, ya que podría englobarse, como otras ilustres novelas, dentro de otros campos como la misma ciencia ficción sin mayor problema. Ahora mismo estoy pensando en El libro de los cráneos de Robert Silverberg como el ejemplo perfecto. Y 2/ Novela que se puede leer, y es muy de agradecer visto como envejecen muchas, exactamente igual de bien hoy (2008), sin perder ni un ápice de su interés y frescura, que cuando fue escrita (1986), o publicada en España por primera vez (1994). Ganó merecidamente el Premio Mundial de Fantasía y merece estar en cualquier lista de la novelas imprescindibles.

© 2008 Ricard de la Casa

Publicado originalmente en BEM on Line. Comentarios

Reflexions sobre la mort d’Eluana - Ricard de la Casa - Publicado: feb 23, 2009 en Puesto en .

Aquestes últimes setmanes el cas de la noia italiana en coma, morta el passat 9 de febrer, Eluana Englaro, ha captat l’interès dels mitjans de comunicació per les ingerències de Silvio Berlusconi. El cap de govern d’Itàlia ha comès una sèrie d’errors de primera magnitud i ha provocat en el seu estat una crisi sense precedents.

El primer greu error ha estat menysprear l’estat de dret. Berlusconi, que no té res de cavaliere, es creu un rei absolutista i sembla ignorar que la revolució francesa i la declaració de Drets de l’Home (ara diríem Drets dels éssers humans) van tindre lloc fa més de dos-cents anys i que les seves idees es van estendre pertot el mon. Un dels grans avenços va ser, justament, bascular el poder del rei absolutista al poble i per tant posar les llibertats i drets de tots els ciutadans per sobre de la resta. Sota aquest punt, Berlusconi no podia, en cap cas, posar les decisions de l’executiu per sobre de la llibertat d’Eluana i de Giuseppe Englaro, el seu pare i tutor legal.

El segon error ha estat anteposar els seus interessos particulars (de les seves idees i d’estratègia política) als interessos d’Eluana i del mateix estat italià. Les seves obscenes ambicions han desencadenat importants friccions amb els altres poders del país. Posar per davant els seus desitjos sense mirar la trencadissa que podia fer, dóna pistes del seu ínfim nivell ètic. Si no fos perquè ja fa molts anys que és el focus d’escàndols de tota mena ens podria sorprendre. Malauradament no és així i la seva desligitimació és total.

El tercer ha estat l’intent barroer de manipulació dels altres poders de l’estat. Berlusconi, en representació del poder executiu, ha manipulat sense escrúpols el poder legislatiu i s’ha burlat del poder judicial. El testament verbal d’Eluana va ser validat pel Tribunal Suprem, que va verificar en un minuciós procés que s’atenia a la veritat. Es va comprovar que la voluntat d’Eluana, sobre la seva forma de viure i morir era clara, per tant tot el procés que l’havia portat a ser desconnectada s’atenia a unes estrictes regles i s’adequava a la llei. El deure de Berlusconi era respectar la llei, els desitjos d’Eluana i el seu tutor. L’intent de manipular fins i tot el president del país, Giorgio Napolitano, intentant fent-lo firmar un decret llei ha estat la cirereta d’un pastís enverinat i ha posat clarament en risc l’estat de dret.

Tot aquest enrenou, en definitiva, violacions del dret d’Eluana a morir, ve donat perquè la nostra societat està encara ancorada en un tabú al suïcidi i a l’eutanàsia (eu-thànatos) molt fort, fruit de segles d’adoctrinament. Ja des de Tomàs d’Aquino la prohibició del suïcidi es defensa amb tres arguments fal·laços:

1.- Que el suïcidi perjudica la societat perquè la priva dels seus serveis. Fals! En realitat i en el millor dels casos deixa de beneficiar-la i en el cas d’Eluana ni tan sols això.

2.- Que el suïcidi no és natural, atès que va en contra de l’ordre natural. Fals! El mateix podríem dir de tota la nostra tecnologia posada a l’abast per perllongar la nostra vida. Ja no parlo d’instruments d’alta tecnologia, sinó per exemple d’alimentar amb una sonda, encara que sigui nasogàstrica. Utilitzar-la és fer servir sistemes artificials i per tant també va en contra de l’ordre natural. Seguint aquest suposat ordre natural Eluana hagués mort fa disset anys!

3.- Que el suïcidi és un robatori, atès que la nostra vida no ens pertany. Fals! Aquest argument únicament pot servir a aquells que professin creences personals que defensin en el seu credo que la vida pertany al seu déu. No vull entrar en aquest joc, vist que les creences són moltes i molt variades i entren dintre de l’esfera personal. La meva vida em pertany absolutament, és meva i de ningú més!

Sherwin B. Nuland ha criticat la concepció de la mort com una patologia a la qual cal oposar-se, una patologia contra la qual cal lluitar amb tota l’estructura de la tecnologia mèdica, quan en realitat la mort és un esdeveniment natural. L’enemic no és la mort sinó la malaltia i el dolor. És previsible que la tecnologia continuï avançant en el manteniment de la vida, encara que aquesta estigui molt deteriorada, agònica, residual i sense cap mena d’esperança de millora, per això és desitjable que ens posem a treballar com a ciutadans lliures per dotar-nos de lleis que puguin protegir-nos quan arribi el moment i facilitar-nos una mort digna i sense dolor. Cal aconseguir que l’eutanàsia sigui una alternativa rutinària i legal oferta a tots aquells pacients terminals. Abans o després tots ens beneficiarem.

Confondre eutanàsia amb assassinat, com es podia escoltar el mateix dia de la mort d’Eluana Englaro al Senat italià, és pregonar la més absoluta ignorància. És confondre amor amb violació, regal amb robatori, o el voluntari amb el forçat. En cap cas es pot acceptar que les creences d’altres puguin afectar o influir en les nostres decisions. Som i hem de ser plenipotenciaris de la nostra vida i també de la nostra mort.

Aquesta noia italiana no és l’únic cas, a casa nostra també tenim la nostra quota de persones que com Eluana s’arrosseguen per una vida sense cap futur, en alguns casos plena de misèria, agonia i dolor. Sense esperança que els ajudem a escurçar una vida que ja no volem, una vida que s’ha transformat en una crueltat. No podem continuar mirant cap a un altre costat! Hem de ser capaços de desempallegar-nos de tabús irracionals i supersticions. Hem de ser capaços d’oferir la màxima humanitat i dignitat a tots ells, a tots nosaltres.

El cas d’Eluana, com molts altres que han aparegut a la premsa, ens mostren el camí a seguir. Com més aviat comencem, millor.

© 2009 Ricard de la Casa Pérez

Aquest article fou publicat per el Diari d'Andorra el dia 23 de febrer de 2009 en la secció La Tribuna:
http://www.diariandorra.ad/noticies/view.php?ID=10457 Comentarios